Historia 3.
El encuentro comunitario en los alrededores de la capilla, los domingos que se celebraba la misa, se volvió obligatorio para casi todos los habitantes de las veredas circundantes a la parroquia. Esta circunstancia convirtió al lugar en el sitio ideal para establecer tiendas y comederos, tentación para que los campesinos bajaran de la montaña
en sus bestias y se quedaran ahí un buen rato después de la liturgia contando sus cuitas y bebiendo guarapo de maíz, caña, cebada o arracacha que ellos mismos preparaban en sus ratos de ocio.
A raíz de las borracheras que terminaban en agresiones, se organizó el régimen policial y aparecieron los inspectores.
La historia puede recordar las primeras fondas: La Tienda del caucano Manuel Quirá, La Tienda de Don Jesús Becerra, personaje que trajo el primer radio al corregimiento, o el pequeño granero de Don Pedro Nel Ospina.
Caso aparte ha sido toda la vida
la tienda de Marcos Ordoñez, El Gran Jefe, que en fechas de elecciones tenía en su estantería las papeletas con las listas para votar por liberales o por conservadores y que entregaba a solicitud de cada votante sin malicia partidista.
El viejo párroco del pueblo en ese entonces, era Segundo Calvache Huertas. Este original curita nariñense que había sido misionero en 5 países, se ganó todo el cariño y todo el respeto de los buitrereños por su entrega y con su dedicación. Permaneció 30 años en La Buitrera celebrando la misa con su tradicional acento pastuso y regañando a sus fieles que aprendió a conocer arrastrando la sotana por los difíciles caminos de ese entonces para ir a visitarlos a ver como podía colaborarles. Todos los buitrerudos lo recordamos con nostalgia.
Fué por El que todo el mundo se aglutinó en torno a la parroquia y le dieron a luz a una incipiente Junta comunal para poder conseguir los recursos que necesitaban para traer la energia eléctrica y construir colegios, instalar teléfonos, arreglar la carretera y acceder a un médico.
Y entonces fué por El que todos aprendimos a organizar los famosos festivales pro-cualquier cosa, al
principio en un kiosko que estaba situado en la parte baja del parque en donde periódicamente y bajo cualquier pretesto se pagaba la entrada para bailar y así se recogían los fondos para las obras con las utilidades que dejaran la venta de empanadas, la plata de las entradas y la renta del licor, los cigarrillos y el mecato.

La Historia tambien se acuerda de Martiniano Martinez, un aserrador tolimense y de su hijo Manuel, veterano de la guerra contra el Peru que se establecieron en los Iracales, hermosa finca otrora que cualquier día parceló y repartió entre sus inumerables hijos tenidos en dos hermanas: Paulina y Venecia Lucumí, mujeres que trajo del Cauca a vivir con el en La Buitrera.

    
